**Jorge Emmanuel Mendoza Jiménez**
Hoy aburrido de Facebook, me di
una vuelta por el Twitter, dándome cuenta que realmente ya escasean los
comentarios valiosos en esa red, así que me puse a revisar los famosos “hashtag”
con esperanza de encontrar una temática que resultase interesante, y mi sorpresa
fue toparme con dos sendos “hashtag” que contienen un filosofía muy mexicana de
que” lo privado es mejor”. Me refiero a los siguientes tópicos: "#LosPobresEstúdianEnLaUnam
y #MásImbécilQueLosDelPolitecnico".
Además del uso incorrecto de la
tilde, se nota en ambos un profundo resentimiento que aún no puedo comprender
en contra de quienes estudiamos en las escuelas públicas y que parece poner en
tela de juicio la calidad, por ello me pregunto ¿Verdaderamente sólo los pobres
estudian en la UNAM? La respuesta categórica es: no. El hombre más rico de
México (y por momentos, del mundo) Carlos Slim Helu estudió en la Universidad
Nacional Autónoma de México, no es un pelagatos cualquiera, pero su caso no es
único, existe una interesante lista de nombres de gente que está en el poder
que estudiaron en dicha casa de estudios. Sin embargo lo anterior no es lo
verdaderamente importante, pues no es de presumir la acumulación de tal capital
en tan pocas manos. Lo verdaderamente importante es saber ¿Qué producen las
universidades públicas? Muchos dirán que un enorme número de desempleados, y
eso probablemente es cierto, pero también producen más conocimiento que
cualquier universidad particular, razonablemente en función del número de
investigadores que poseen, mismo que es un criterio fiable para evaluar la
calidad educativa que ofrece un centro de educación superior.
En comparación con lo anterior, y
como es bien sabido, muchas universidades particulares ofrecen programas de
titulación sencillos, que excluyen elaboración de tesis, por tanto, estas
universidades no crean conocimiento, lo "roban" de otras
universidades que sí lo producen, es decir, de las públicas o las extranjeras.
Claro que existen algunas excepciones, como es el caso de la Universidad
Iberoamericana, el ITAM, etcétera, quienes se han preocupado por formar
profesionistas no sólo con competencias técnicas, sino científicas. Los modelos
de titulación "exprés" que ofrecen estas universidades contribuyen a
la pauperización de los profesionistas, pues al incrementar el número de
egresados es lógico que disminuyan los sueldos de estos. El fenómeno de la
"fiebre de los diplomas” ha traído consigo la caída estrepitosa del valor
que se daba a las profesiones, y los empleadores, más interesados en la mano de
obra barata que en el trabajo intelectual de calidad, contratan a aquellos que
les parece tienen un perfil más “ad hoc” con su presupuesto, aquellos cuyo
perfil psicosocial, se ajusta a su filosofía de comprender las relaciones
laborales y que no amenazan el “status quo”.
En función de lo asentado en
líneas anteriores son precisamente la UNAM (a través de sus facultades e
institutos) y el IPN, quienes encabezan la producción nacional de ciencia y tecnología,
es por ello que, comúnmente, los estudiantes de universidades privadas hayan
sostenido o apreciado, por lo menos alguna vez: un libro, un ensayo, un poema,
un cuento, una película, una obra de teatro o alguna otra creación científica o
cultural, elaborada por los egresados de dichas casas de estudio. Por el
contrario, es sumamente extraño que quien estudió en las universidades públicas
haya leído algo producido en universidades particulares, salvo raras
excepciones, en general, los estudios se centran en la producción propia y en
las traducciones de literatura extranjera.
La UNAM se ubica en el lugar 95
mundial en cuanto a su producción científica, el politécnico en el 325. En
América latina, sólo la universidad de San Pablo, Brasil, se ubica más arriba
en dichos “rankings” pero en habla hispana, no hay ninguna que produzca más que
la UNAM, esto nos habla de la solidez e importancia que tiene dicha casa de
estudios. Por otra parte, con relación al mercado nacional de educación
superior, la UNAM encabeza anualmente prácticamente todos los rankings en las
distintas especialidades, seguida de otras universidades públicas tales como la
UAM y el IPN, en esta lista llegan a “colarse” algunas privadas como el ITESM,
UIA, UP, ITAM, etcétera, que sobra decir son caras, si no es que inalcanzables
para un estudiante de clase media baja.
México, tiene sólo tres Premios
Nobel, ninguno es egresado de escuelas particulares. Se trata de Octavio Paz,
Alfonso G. Robles y Mario Molina, los dos primeros egresados de la Escuela
Nacional de Jurisprudencia (hoy Facultad de Derecho) y el último de la Facultad
de Química, todas ellas pertenecientes a la UNAM. Esto es reflejo de nuestra
escasa producción nacional de literatos y científicos de peso, pero también, de
que la única institución que se preocupa y esfuerza en mejorar esta situación
es la universidad de México. Por su parte el Instituto Politécnico Nacional
cada año participa en diversos concurso en los que ha obtenido destacadas
participaciones, ha colaborado, como su nombre lo indica a fortalecer la
técnica, que es tan necesaria en situaciones de solución de problemas
cotidianos en una civilización de la información que lo requiere cada vez en
mayor medida, ubica y reconoce a sus egresados como altamente capacitados en su
especialidad y por supuesto, también colabora de manera importante en la
producción científica y tecnológica, siendo este último ramo donde se perciben
de mejor forma sus frutos.
Se puede observar en los asentado
con antelación, que no sólo no hay sustento en lo mencionado en los dos “hashtag”
que dieron pie a estos comentarios, sino que es producto de un resentimiento
profundo por parte de quien los escribió, ¿Por qué? Sólo esa persona lo sabe. Lo
cierto es que, seguramente, cada vez que abre internet y busca información
veraz al respecto tiene que tragarse sus palabras, de la misma forma en la que
lo hacen los directores y padres de familia que consideran que las escuelas
privadas forman mejor a los niños, puesto que ni la prueba ENLACE en el ámbito
nacional, ni la prueba PISA – OCDE en el internacional avalan sus presunciones
pero de ello ya les hablaré después. Por tanto, sólo son aseveraciones basadas
en la idiosincrasia de un pueblo racista, clasista e ignorante.
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